top of page

¿Cómo tenían tecnología los cavernícolas?

  • Foto del escritor: Daniel Ramírez
    Daniel Ramírez
  • 12 ene
  • 5 Min. de lectura

De las piedras al software: una forma clara (y humana) de entender la historia de la tecnología


Los seres humanos hemos pasado gran parte de nuestra historia tratando de comprender el universo y todo lo que nos rodea. A esa curiosidad natural se le suma una lista creciente de necesidades: alimentarnos mejor, protegernos del entorno, comunicarnos, movernos más rápido, producir más, vivir más cómodos. Todo eso nos ha llevado a buscar formas de convertir el conocimiento en soluciones prácticas. A eso, de manera muy general, le llamamos tecnología.


Pero la tecnología no es solo hacer herramientas o máquinas. La física y filósofa Úrsula Franklin lo explicó de forma muy clara cuando dijo:

“La tecnología es un sistema. No solo herramientas, sino procesos, organización, métodos y modos de pensar.”

Esta idea es clave, porque nos ayuda a entender que la tecnología también está en cómo trabajamos, cómo nos organizamos, cómo tomamos decisiones y cómo resolvemos problemas, no únicamente en los dispositivos que usamos todos los días.



¿Cuándo empezó realmente la tecnología?

Los registros históricos no son del todo claros sobre el momento exacto en que el ser humano comenzó a usar tecnología. La teoría más aceptada es que algún homínido —entre el Homo erectus y el Homo sapiens— empezó a golpear piedras para darles forma y utilizarlas como herramientas de caza o corte. Ahí podríamos decir que nace la tecnología más básica.


Sin embargo, la simple necesidad de crear herramientas no explica por completo el crecimiento explosivo de artefactos y procesos que hoy existen. Para tener una idea de la magnitud: según datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI/WIPO), en 2024 había cerca de 19.7 millones de patentes en vigor en el mundo. Y si a eso le sumamos las variaciones de productos y procesos no patentados, el número se vuelve prácticamente imposible de dimensionar.


Incluso Karl Marx, en 1867, ya se sorprendía al saber que en Inglaterra existían más de 500 tipos distintos de martillos, cada uno diseñado para una tarea artesanal específica. Esto nos dice algo importante: la tecnología no solo avanza por grandes inventos, sino también por pequeñas mejoras constantes y muy especializadas.


¿El fuego y la rueda fueron los primeros inventos del hombre?


Muchas caricaturas y libros de texto nos han hecho creer que el fuego y la rueda aparecieron prácticamente al mismo tiempo y que juntos marcaron el inicio del desarrollo tecnológico. Hoy sabemos que esto no es correcto.


Aunque no podemos definir una fecha exacta del descubrimiento del fuego, sí sabemos que mucho antes de la rueda ya existían métodos de transporte, como trineos, planchas y rodillos (probablemente troncos). Las investigaciones arqueológicas sugieren que las primeras ruedas aparecieron en Mesopotamia durante el cuarto milenio antes de Cristo, y desde ahí su uso se fue extendiendo hacia Europa.


Un caso especialmente interesante ocurrió en México y en gran parte de América Central. Estas civilizaciones prosperaron sin utilizar la rueda para el transporte hasta la llegada de los españoles. Sin embargo, se han encontrado juguetes y artefactos con ruedas, lo que indica que el principio mecánico era conocido, pero no resultaba útil para su contexto.


¿Por qué? Principalmente por el tipo de caminos y el entorno geográfico. Sin rutas planas y estables, los vehículos con ruedas no ofrecían una ventaja real. En su lugar, se usaron animales o personas para el transporte de carga. Esto nos deja una lección muy importante: la tecnología no solo depende de lo que sabemos hacer, sino de lo que realmente necesitamos y podemos aprovechar en nuestro entorno.


¿Qué va primero? ¿la ciencia o la tecnología?

Solemos pensar que la tecnología es simplemente la aplicación práctica de la ciencia: primero se descubre algo y después se construye un aparato para usarlo. En muchos casos modernos, esto es cierto, pero históricamente no siempre fue así.

Antes de que existieran las ciencias formales, las personas ya dominaban oficios complejos: agricultura, artesanías, construcción, medicina tradicional, organización social y lenguajes. Todo esto se desarrolló mediante observación, práctica, ensayo y error, mucho antes de comprender fenómenos físicos o químicos de forma teórica.

De aquí nacen tres conceptos que vale mucho la pena distinguir: técnica, ciencia y tecnología. Aunque hoy los usamos casi como sinónimos, no significan lo mismo.


1. Técnica: el arte de saber hacer


La técnica puede definirse como el conjunto de procedimientos que se realizan para obtener un resultado específico. Actúa sobre tres dimensiones: las personas, las organizaciones y la sociedad. Se desarrolla y se transmite mediante la práctica, la experiencia y el aprendizaje colectivo.


Cuando hablamos de técnica, hablamos de formas de hacer las cosas. Y aunque hoy parece algo sencillo, desarrollar una técnica podía tomar generaciones enteras. No existían manuales, ni teoría documentada, ni laboratorios. Todo se aprendía por observación, repetición y transmisión oral.


Las artesanías son un ejemplo perfecto. En Mesopotamia, al secar el barro de los ríos Tigris y Éufrates al sol, descubrieron que podían fabricar vasijas y tablillas. En China, aprendieron a crear esmaltes y cerámica mezclando minerales y controlando temperaturas. En México, encontramos una enorme diversidad de cerámicas modeladas a mano y decoradas con pigmentos minerales, vegetales e incluso animales.

Pero la técnica no solo está en los objetos. También está en la gastronomía, la música, la pintura y en algo mucho más complejo: la organización política y social. Con el tiempo, estas técnicas fueron evolucionando y dando origen a herramientas, procesos y métodos que hoy reconocemos como tecnología.


2. Ciencia: el deseo de entender el porqué


La ciencia es la actividad de búsqueda de los principios que explican cómo funciona el mundo. Es, en esencia, el intento de responder al porqué de las cosas. La filosofía es la base de todas las ciencias, y el cuestionamiento constante es una de las características que más nos distingue como especie.


Algunos animales pueden construir estructuras, cazar en grupo o resolver problemas simples sin comprender cómo funcionan esos procesos. Lo hacen por instinto y evolución. En cambio, los humanos buscamos explicaciones, patrones, leyes y modelos.

El desarrollo de la ciencia tiene efectos directos en la sociedad porque está orientado a entender y, muchas veces, a resolver problemas presentes con una visión de futuro. Su objetivo no es necesariamente crear productos, sino descubrir lo que ya existe y aún no entendemos.


3. Tecnología: cuando el conocimiento se convierte en solución


La tecnología surge cuando se integran de forma sistemática las técnicas, el conocimiento científico, la experiencia práctica y la organización de procesos. No se trata solo de fabricar objetos, sino de diseñar sistemas completos: máquinas, métodos de trabajo, productos, servicios y formas de operación.


Gracias a la tecnología, se ha logrado mejorar la calidad de vida de millones de personas, facilitando tareas cotidianas, aumentando la productividad y permitiendo niveles de especialización impensables hace siglos.


Históricamente, la tecnología primero respondió a necesidades básicas: alimento, refugio, salud y transporte. Después, evolucionó para atender demandas de gremios artesanales, y más tarde, de organizaciones y empresas que hoy son motores de innovación.


Existe un debate interesante: algunas personas ven a la tecnología como subordinada de la ciencia; otras, como una aliada indispensable para la investigación. En realidad, ambas se retroalimentan. La ciencia busca explicar, la tecnología busca resolver. Una interpreta la realidad; la otra la transforma.



Entonces… ¿los antiguos habitantes ya usaban tecnología?


Definitivamente sí. Los seres humanos prehistóricos usaban tecnología basada en la mejora constante de técnicas de supervivencia. Aprendían por observación, prueba y error, y transmitían ese conocimiento de generación en generación.


Gracias a ese proceso lento, pero continuo, hoy podemos hablar de eras históricas, artísticas y tecnológicas. No hubo magia, ni conocimientos extraterrestres, ni secretos imposibles. Las civilizaciones antiguas no hicieron cosas imposibles; hicieron cosas difíciles, con tiempo, ingenio, organización y muchísima práctica.


Entender esto no solo nos ayuda a valorar el pasado, sino también a comprender nuestro presente. La tecnología que hoy usamos no apareció de la nada: es el resultado de miles de años de curiosidad, errores, mejoras y aprendizajes acumulados.


Y para quienes estudian o trabajan en áreas técnicas, científicas o de ingeniería, esta historia tiene un mensaje muy claro: cada pequeño avance cuenta, porque es así como se construyen los grandes cambios.

Comentarios


bottom of page